Archive for the ‘Uncategorized’ Category

El viudo quiere mimos

mayo 9, 2013

Estoy escribiendo y poniendo cara a una webserie, “El viudo quiere mimos”. Estrenaron ayer en Notodo y dijeron cosas muy bonitas sobre nosotros. Yo no aportaré más porque sumar líneas propias a eso sería como ensuciar la nieve.

Aquí tienen el episodio piloto:

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Pedorro

marzo 20, 2013

La primera vez que ella tuvo un aire vaginal él pensó que se trataba de una convención, que no tenía que andarse con exquisiteces y que en aquel revolcón no se exigía una etiqueta. Dejó entonces escapar un gas, un pedo, un efluvio. Ella le miró, asqueada y disgustada ante su comportamiento. “Lo mío era un aire vaginal” le soltó en forma de reproche. Y él, que nunca antes había sentido algo así por una mujer, que no podía dejarla escapar, sólo acertó a construir una excusa: “Ya, claro. Lo mío también”.

Una idea que tuve para un programa de televisión y que te comento por aquí

febrero 7, 2013

Estuve pensando en lo divertido que podría ser pasar el rato juntos, pero un rato que sea algo, algo que casi pudiésemos aprehender. No sé si sabes a qué me refiero. Quiero decir, la mayoría del tiempo tú y yo estamos sentados por aquí, tirados sobre el suelo, mirando el techo. Sabes que adoro este tipo de cosas, cosas como de no hacer nada, pero es que al final uno se pregunta si no existe algo más allá del hacerse compañía. Sólo hacerse compañía.

Quiero decir, que está bien que estemos todo el día viendo la televisión, viendo esos canales que tienen un montón de programas distintos donde la gente encarga cosas que nos parecerían de lo más mundanas en nuestro día a día pero que ahí, con esos profesionales dándoles forma, encontramos como algo lo suficientemente entretenido y presentable como para brindarle nuestro ocio. Porque mira la cantidad de horas que pasamos viendo esas tartas tan increíbles o esos ramos de flores que vaya ramos de flores. Que sí, que a mí me gusta pero oye, que no deja de ser ver la televisión. Por muy a mi lado que estés, con tus pies en tus calcetines viejos, con tu pelo recogido y tus galletitas saladas, no deja de ser eso. Gente quieta y callada frente a un televisor.

Podríamos hacer nosotros nuestro propio programa de televisión. Y no sé qué te parece esta idea que lanzo al aire, que no tienes que responder, no ahora. Pero estaría bien, ¿verdad? Dejar de consumir tanto y hacer un poquito que seguro que es más divertido, y que seguro que tampoco puede ser tan caro. Nos hace falta una cámara y alguna cosa que hagamos bien, que hagamos muy bien, que hagamos mejor que los demás, para que nos vean haciéndola, para que nos encarguen hacerla y se queden fascinados y sean ellos, los otros, los que pasen horas delante de un televisor, en silencio, creyendo que ahí hay algo que ellos, los otros, no tienen, algo que puede alargar su relación, prolongar sus silencios y darles un tema de conversación la noche de los jueves, que es cuando van a cenar con otra pareja de amigos, esos otros que también queman horas viendo nuestro programa.

A mí se me da bien pasar el rato tirado en el sofá viendo la televisión contigo. Creo que es algo que se nos da realmente bien. A los dos, pero especialmente a mí. Sé dónde colocar el hombro para que te puedas apoyar sin que te moleste, sin necesidad de corrección. El volumen es siempre el adecuado, tú me lo dices, que ni muy alto ni muy bajo. El adecuado. Y he estado pensado que quizás podríamos grabarnos viendo la televisión, viendo ese formato de programas. Tú y yo enseñándole a la gente lo bien que se nos da. Pensé que estaría bien porque si ellos quieren imitarnos lo pueden hacer en ese mismo instante desde el sofá de sus casas. Sería un programa muy práctico pero sin andar por ahí adoctrinando. No me gustan los programas que adoctrinan, como esos espacios de cocina que siempre presentan cocineros listillos. Tú cocina y yo ya si eso te copio pero no me digas lo que tengo que hacer. Siempre te lo digo cuando los estamos viendo y tú me dices que tengo razón, que es un comentario muy agudo por mi parte. Creo que éste es otro buen ejemplo de lo bien que se nos da ver juntos la televisión, ¿no te parece?

Tácticas de ligoteo en Navidad

diciembre 24, 2012

A uno no siempre le traen el regalo que quiere en estas fechas. ¿Por qué Santa le ha dado un pivón de pareja a esa persona que te cae tan mal? ¿Por qué no puedes tener tú ese regalo? La respuesta es sencilla: Papa Noel es un gordo sobornado por la gente rica y guapa.  Desde aquí animo a cierta anarquía navideña, a no conformarse con los regalos propios y echar mano a los ajenos. Si Papa Noel puede moverse en esa fina línea que hay entre la magia navideña y el allanamiento de morada, cualquier civil como nosotros puede aumentar la apuesta a la hora encontrar el Amor.

Aprovechad el desconcierto que provocan las luces de colores y destrozar esa vuelta a la inocencia infantil. Ahí van unos consejos.

– Fabrícate un gorro que lleve siempre colgando un trocito de muérdago. Como un palito sobre tu cabeza, pendulando ahí arriba con el muérdago. Lánzate entonces al morro de la gente con total impunidad. Grita mucho “Navidad” para que bajen la guardia, es un consejo. “Niño Jesús”, “Regalitos”… estímulos de felicidad y armonía con los que, quizás, hasta logres que se relaje un poco el ambiente y caiga algo de lengua.

– Disfrázate de Rey Mago y suelta piropos del tipo “Acabo de abandonar a mis camellos porque me gustan más tus dos jorobas”.

– Diles que eres el niño del anuncio de “Hola, Soy Edu, Feliz Navidad” y consigue un polvo por lástima.

– Te lo puedes montar con cualquier chica que se llame Belén. Con cualquiera. Sólo tienes que excusarte en el clásico “Mi mamá me dijo que podía montar el Belén”. Y luego una sonrisa. Y un poquito de musgo.

– Disfrázate de Papa Noel y sal a pasear en Nochebuena. Dile a las mujeres que ésta es la única noche en la que puedes abandonar Laponia y vivir entre humanos. Diles que te sientes solo, que allí arriba hace mucho frío y estás harto de montártelo con renos. La clásica jugada del marinero dando pena en el puerto en el que recala antes de embarcarse de nuevo. Es una triunfada asegurada pero asegúrate, eso sí, de que les gusten maduritos.

– Sustituye los clásicos caramelos de la cabalgata de Reyes por un papelito con tu nombre y tu número de teléfono. Puedes añadir algún gancho ingenioso del tipo “Por ahora sólo soy un paje. Hazme una mamade” o “Cabalga, gata”. No hay mayor red de difusión entre madres divorciadas.

– Monta un grupo de villancicos. Convence a algunas señoritas para que toquen la zambomba y el palito. Insiste mucho, mucho, mucho, en el tema de los ensayos.

– Escríbele una carta a Los Reyes Magos donde supliques muy fuerte. A veces los milagros se dejan ver.

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Ya no suenas en la radio, ahora suenas en otro sitio

noviembre 14, 2012

A partir de ahora los capítulos de “Ya no suenas en la radio” tendrán su bonito espacio personal aquí. Se irá actualizando la novelita todo lo frecuentemente que se pueda, que esperemos que sea cada dos o tres días.

Un saludo y amor y esas cosas.

Amor Guasap

octubre 13, 2012

Paso el rato pendiente de la hora
de la última conexión
en nuestro lazo
de unión, de rechazo,
porque no hay mayor distancia
que este abrazo
que no existe más allá de lo no visto
en la pantalla LCD
de un Iphone 5.
Cuatro pulgadas
que se han convertido
en el espacio de amor más reducido
de dos amantes separados.

Permutaciones

octubre 10, 2012

La primera vez que la vi me sacudí el pelo. Yo de aquella tenía un pelo lacio y largo, un pelo como de plancha cara, de tratamiento en peluquería francesa, de mimos de champunier. Ella era más bonita que un primer orgasmo y mi quiebro capilar pretendía llamar su atención. Mi melena era una red de pelazo y ella un pececito que se colaba entre los anillos de la malla. Sin inmutarse.

La segunda vez que la vi fue en una esquina cerca de mi casa, donde los domingos, integrado dentro del mercadillo del barrio, se colocaba un puesto de barquillos. Un puesto de barquillos. Una cosa como muy vieja. Yo estaba eufórico. Qué chica aquella. Qué rostro. Qué andares. Qué poco caso me hacia. Al verla apresuré el paso con la intención de comprar un barquillo. El viejo me dio uno grande, dorado y crujiente que, al instante, le ofrecí a ella, que se detuvo en seco. Me miró. Sonreí. “Un barquillo es una cosa como muy vieja”, me dijo. Y siguió su camino masticando adoquines.

La tercera vez que la vi paseaba de la mano de otro que era yo. Comía un barquillo grande, crujiente y dorado mientras jugueteaba con el pelo lacio y largo, como de plancha cara y mimos de champunier, de su acompañante. Pensé en decirle algo, a lo lejos, pero vi como eran los labios del otro los que se movían junto a su oído. Ella se detenía entonces y le besaba y yo, quizás por el viento húmedo que me daba en la cara, noté su caricia en la distancia. Y esa misma tarde me corté el pelo.

La cuarta vez que la vi fue ella quien se dirigió a mí. Me clavó los ojitos como quien hilvana una aguja. Y luego se disculpó. “Pensé que eras otras personas, perdona”. Y yo que quería gritarle que no, que estaba en lo cierto. Que yo era yo, sí, pero también esas otras personas. Y debió de escuchar el eco de aquello en mi cabeza porque ya se estaba yendo cuando se giró en un suspiro, volviendo hacia mí. “¿Me invitas a un barquillo?”, me dijo. Y aquello sonaba todo lo raro que puede sonar. Como fuera del tiempo y el espacio. Como el canto de cisne de una loca. Pero era demasiado guapa y yo, que nunca había probado un barquillo, sólo acerté a contestar que aquello era una cosa como muy vieja. Se sonrió. “Eso te lo dije, te lo digo y te lo diré”. Siempre.

Tácticas de ligoteo en una manifestación

octubre 2, 2012

La España convulsa que nos ha tocado vivir es un increíble vivero para socializar, con constantes concentraciones en contra de esto o aquello, con manifestaciones por doquier, con gente saliendo a protestar a las calles. Y muchos me dirán ahora que forman parte de esa “mayoría silenciosa”, que eso de liarla a pie de acera no va con ellos. Y la que se están perdiendo.

Porque la clave para exprimir este tipo de experiencias no pasa por enarbolar banderas y cantar proclamas, sino por abrazar sin prejuicios la superficialidad de una evidencia: En una manifa hay un porrón de gente. Gente mayormente eufórica, joven, prieta, gente con ganas de hacer amistad bajo un sentimiento común. Gente con la que ligar. Facilito.

Por eso abrimos hoy una nueva sección de “Tácticas de ligoteo”, para que, si no queréis ocupar el Congreso, ocupéis por lo menos su corazón.

– El uso inteligente de pancartas como ayuda al cortejo. Lúcete. Demuestra tu ingenio. Tu lírica. “Político, ladrón, me has robado el corazón”. O un burdo “No hay pan para tanto chorizo”, con la petrina bajada y el embutido colgandero.

– Vete a por las porras, vete directo a ellas. Hazlo como acto de amor. Mírala a los ojos. “Yo por ti mato”. Y te lanzas, y cuando ella te recoja del suelo, magullado, dile que el impacto de las balas de goma no fue nada en comparación con las flechas de Cupido. Y mírala intenso.

-Si la chica pasa de ti después de recibir una paliza, no sufras. Tienes heridas de guerra urbana. Y eso es oro. Muestra orgulloso tus moratones. Compáralos. Rompe el hielo con “tengo uno en la canilla que me recuerda a tu perfil a contraluz”, o usa la burda estratagema de sacarte la camiseta. “Mira el color de éste, ese amarillo macilento me recuerda al ocaso. Por cierto, ¿vemos amanecer hoy juntos?”. Triunfada asegurada.

– Boicotea las manifestaciones pacíficas. Recoge esas florecillas que los jipis colocan en los fusiles y móntate un ramo hermoso, en condiciones. Eres un galán. Y baratito.

– Llévate una cámara y grábalo todo. De vez en cuando grita “Esto es una mierda, yo estuve en Chechenia”. Los tipos duros gustan.

– Cuando escuches que un policía camuflado le dice a otro “Que soy compañero, ¡coño!”, agarra fuerte por la cintura a la primera que pilles y suéltale un “Yo también puedo ser tu compañero”, deja un segundito el silencio en el aire, mira para abajo y cierra con un “coño”. Sutil.

– Disfrázate de policía montada del Canadá. Pasea tranquilo entre manifestantes y fuerzas del orden. Como un mediador, un vigilante, un ente superior. No sé. Es gracioso. Y si no lo pillan, si no se ríen, al menos parecerás alguien muy elevado, alguien importante. El éxito gusta.

– Escribe en el pañuelo que te tapa la cara, en letras bien grandes, “Bésame, tonto”.

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“En esta botella guardo mi corazón. Ardiendo de amor por ti”

Poema de Amor a Tomás Roncero

septiembre 16, 2012

Te he imaginado besando a Cristiano Ronaldo.

Siempre es él quien pasea contigo.

Sé que son otros, pero yo veo a Ronaldo.

Sois más que amigos

el portugués y tú.

Vaya dúo.

 

Te pasea en su yate mientras yo estoy en casa,

viendo en la tele qué echa Divinity.

Un programa de tartas que me recuerda a nosotros

comiendo tarta

algún día.

Es lógico.

 

He estado probando a chutar a portería

en la cancha del barrio, la vieja.

Tú la conoces, que un día nos besamos

en ella, que no hicimos más

que tenías

la regla.

 

Ahora me pongo gomina en el pelo

y me he comprado camisas en un Pull and Bear.

Estoy guay con el tema del sexo.

Aguanto más.

Totalmente

en serio.

 

Pensé en ir a verte el otro día al trabajo.

Me dijeron tus compis que estabas de baja.

Si te digo la verdad, fui allí

finalmente. Por eso sé

que estabas

de baja.

 

Te escribo este poema que me han dicho que mola

ser así sensible, con sentimientos bonitos.

Pero tengo que dejarte que veo a Ronaldo

en Punto Pelota y pienso en ti,

me pongo malito,

y sigo sin follar

yo

con otra.

Mi menú eres tú

septiembre 5, 2012

Como un pez de galletita
eres salada por fuera.
Como una salchicha eres larga,
eres buena
cuando estás entre dos panes.
Cuando vas con mahonesa
eres la comida perfecta.
Eres el agua en mi mesa,
el entrante, el postre.
Eres el servilletero.
Eres incluso, si me apuras,
el mismo camarero
que nos sirve con maña,
con devoción, con empeño.
Pero ante todo tú eres,
y es algo que ahora veo,
la jodida propina,
el gasto, la pela.
Los números que bajan,
imparables,
en el saldo de mi cuenta.