Conversaciones telefónicas con esa chica que odias pero te gusta un poco #1

No le parecía lo suficientemente interesante aquella disertación mía que le estaba soltando por teléfono. Afirmaba yo que alguien había cometido un error de bulto al poner nombres, que algún término se había traspapelado, que a alguien se le habían mezclado las tarjetitas con las acepciones y se había hecho todo un lío. La palabra “sonrisa” -insistía yo- y la palabra “risa” tenían unos significados que no se me correspondían con lo que las propias palabras dejaban entrever, con lo que me decían ellas por si solas.

-La sonrisa es lo que se ve y la risa lo que se oye, pero eso está mal. La sonrisa debería ser aquello que oímos y la risa aquello que vemos. Como el sonido que se desprende de algo.

-Eso no tiene sentido.

-Bueno, no tendrá sentido para ti. Para mí sí que lo tiene. Lo veo más coherente todo y quizás empiece a llevarlo a la práctica.

-Pues entonces hablarías mal.

-Para mí no. En lo que a mí respecta estaría hablando mucho mejor. Estaría hablando mejorado.

-No es a ti a quien le corresponde juzgar eso.

-Discrepo. La lengua la construyen los hablantes. Yo soy un hablante y he encontrado un error de bulto que pienso subsanar.

-Me pareces un metodista.

-¿Qué?

-Que me pareces un estirado y un corto de miras, y también un caprichoso.

-¿Qué? ¿Por qué has dicho metodista?

-Porque para mí esa palabra encaja bien con la imagen que quería proyectar de ti. Soy una hablante y hago lo que me da la gana.

-Eso no tiene sentido.

-Exacto.

Me lo soltó tras un largo silencio, saboreándolo, como quien me hubiese ganado. Como si la chorrada que acababa de decirme tuviese fundamento suficiente para refutar mi teoría. Sé que no era la mejor teoría del mundo, pero tampoco era una cuestión aleatoria como la que ella me acababa de arrojar. Me había llamado metodista, así por que sí. No dije nada, no iría a ninguna parte. Justo antes de colgar el teléfono me di cuenta. No pude oírla pero no había ninguna duda. Al final de la línea, junto al auricular que ella sostenía, se le estaba dibujando una risa en la cara.

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