¡Kuleshov ven a mí!

Harto conocido es el experimento que Lev Kuleshov hizo al yuxtaponer una serie de imágenes con el rostro del actor Mozzuchin, logrando que, a través del montaje, la cara de este, precedida de la visión de un plato de sopa, un ataúd o un niño jugando, nos remitiese, a nosotros espectadores, las impresiones de hambre, dolor y ternura. Cuando lo que veíamos, inmutable, era siempre la misma cara de tipo duro ruso que tenía Mozzuchin.

Para quien quiera profundizar en el tema que se mire este video que lo revisiona muy bien y le queda muy elegante y muy simpático y da mucho que pensar.

El caso es que estando yo en uno de esos bares (y demasiados hay) en lo que te ponen Los 40 Latino (modalidad sonido on/off) me topé con un chico que, cual Phileas Fogg, viajaba en globo cantando una cancioncilla.

No voy a entrar a comentar las virtudes o los defectos de la canción porque al chaval se le ve simpático y oye, yo soy del Norte, soy muy frío y me falta duende. Y estas cosas pues como que no me llegan. Pero tendrán su público y bienvenido sea.

Lo que me gustaría es que viéseis un ratillo el video en cuestión (podéis incluso quitarle el sonido, que para el caso nos vale igual) para comprobar si ciertas imágenes despiertan en vosotros la misma sensación que despertaron en mí. Sensación que mutó en necesidad irrefrenable de remontar el videoclip en otro video distinto que, también con un fin promocional, apunta en una dirección bien distinta.

Echadle un ojo.

Pues este video a mí es que me gritaba esta otra cosa. Me imaginaba quitando las imágenes de Mario (así se llama el artista) viajando en globo cantando la cancioncilla, la parte de sincronía vamos, quedándome tan solo con aquellas escenas que tratan de transmitirnos esa sensación de “Gloria Bendita”. Una sensación que, en este caso, no surge a través de la yuxtaposición de imágenes sino mediante el uso empático de la canción, y que se nos viene a la cabeza con cada uno de esos “retazos de vida” que se nos muestran en el videoclip.

Me imaginaba haciendo eso e insertando al final una imagen como esta.

Realmente lo que acabo de hacer tendría cierto mérito si el montaje que me sacase de la manga o el rótulo final que acabase sugiriendo, supusiesen una anagnórisis, una revelación, que hiciese que el concepto que teníais del video se viese trastocado. Que su significado cambiase.

Lo que me perturba es que, aunque yo no hubiese puesto ese rótulo final, creo que cualquiera de vosotros, tan sólo oyendo esa música y viendo esas imágenes, hubiese pensado que estábamos ante un determinado tipo de video. Un video promocional de los de “Murcia, que hermosa eres” o “Ahí estás tú de Chambao invitándonos a conocer parajes andaluces”.

Una sensación que, eso sí, se evidencia mediante el montaje. Tanto que me estoy planteando hablar con la productora del videoclip (la gente de “Malviviendo”, gente muy capaz) y con los de la Junta de Andalucía, a ver si cae algo.

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