Cuando la plastilina hace que te emociones

Bendito este mundo en el que todavía queda tanto por descubrir.  Mary and Max fue una de esas inesperadas alegrías que llegaron a mí en forma de plastilina. Una película de animación ambiciosa en su planteamiento, pero tremendamente humilde y sencilla en las formas (pese a su barroquismo visual). Capaz de transmitirte con la ingenuidad de un niño, y a través de monigotes, asuntos tan serios como la soledad, el desequilibrio mental y las aspiraciones rotas.

Un gran relato epistolar que va narrando un dramón a la altura de Iñarritu. Sin duda valiente. Valiente por entrelazar las cartas, en una relación tan imposible y a la vez tan tierna como la de esa niña “Welcome to the Dollhouse” y ese cuarentón gordo con síndrome de Asperger, imagen cruda de una enfermedad que dista del Sheldon Cooper relamido y adulterado.

El director, Adam Elliot, está de segundo en mi lista de cineastas con testículos grandes. Justo después de Kaurismäki y su Juha (debería plantearme seriamente el darle forma a esa lista…)

2 comentarios to “Cuando la plastilina hace que te emociones”

  1. sallym00n Says:

    esta peli es bien, bien bien.

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