Historia nocturna y cierta (o eso dicen)

No me gusta mucho salir de noche. Es una afirmación que más de uno podría echarme en cara pero que no deja de ser cierta. A mí me gusta salir de tarde. Otra cosa es que luego se me haga de noche. El caso es que yo sé perfectamente por qué no me gusta salir de noche.  Y es que no me gusta salir de noche porque está oscuro. Y así.

El caso es que estaba yo, enfrentándome a mis demonios de ocio nocturno, en uno de esos lugares donde la gente se junta y hacen cosas que supuestamente están dirigidas a fomentar el acercamiento. Y sin embargo la música está tan alta que el primer grado de aproximación, la viva voz, la conversación, se ve sepultado por melodías machaconas y de dudoso gusto.

Por eso tuve que gritar cuando una chica muy guapa se me acercó a hablar. No me conozco las canciones que ponen y no sé cuando acaban, así que tuve la mala suerte de que mi primera intervención, justo antes de que soltase por la boca los decibelios que había contenido en mi garganta, coincidiese en el preciso instante en el que una canción daba paso a la otra. Es un lapso muy breve pero perceptible. Y la pobre chica se sobresaltó cuando le espeté un saludo en forma de alarido. Yo pensaba que entre las canciones había una transición. Y lo sentí mucho por ella.

El caso es que hablamos. De nada, para seros sinceros. Así que lo omitiré hasta el punto de interés, cuando la chica me dice “vamos a mi casa”. Primero pensé que había conjugado mal el verbo, porque no nos conocíamos de nada y no se me había ocurrido, a lo largo de la conversación, que esa chica y yo compartiésemos alguna aficción. Maquetas de barco o dedales pintados, cualquier cosa que me quisiese enseñar. Y sin embargo, aunque aquello me parecía extraño y no hay cosa que más deteste que frecuentar portales que no son míos, de mi boca salió un sibilino “sí”, fruto de un hormigueo irrefrenable y en absoluto premeditado que me subía por la pierna. Pese a que a primera vista, repito, no compartíamos aficciones.

Y fuimos a su casa. Que no tenía ascensor, o estaba estropeado o algo. No podía hablar alto porque estaban son compañeras durmiendo. Supongo que la chica aún estaba asustada por mi alarido de antes y pensaba que yo era uno de esos que gritan porque no tienen nada interesante que contarte.

No es que yo estuviese tenso. Pero en el fondo sí que guardaba la esperanza de que esa chica tuviese un proyector de 35, con unas bobinas enormes con la filmografía de Tati. Y es que yo le había comentado lo de Jacques Tati antes, en la discoteca. Ya sabéis que me gusta mucho. Pero no. Se limitó a ofrecerme un vaso de agua, que yo acepté por educación, porque a esa hora lo único que me entra es un Cola Cao. A no ser que tenga que madrugar al día siguiente. Entonces bebo mucha agua para despertarme con el pis.

Estaba nervioso porque me bebí el vaso de tirón y ella me preguntó si quería más. Pero me lo preguntó raro, como acercándose y alejándose a la vez. Luego preguntó mi nombre. Realmente me lo dijo.

-Eres Enrique Lojo, me han dicho que eres Enrique Lojo, ¿no?  -Asentí, porque hasta ahí, que yo supiese, era todo cierto.-

-He leído tu blog. -Ahí yo ya me había perdido- Tu amigo el alto me dijo que eras Enrique Lojo. Te imaginaba distinto pero eres tú. Se nota que eres tú.

-Soy yo. -Aquí era todo cierto pero la chica se comportaba raro.-

– Todavía no has preguntado mi nombre.

-Ya. -En ningún momento me interesó. Realmente en ningún momento me interesó.-

Me iba a repetir lo que un cura, hace años, le dijo sobre una pila bautismal. Pero yo la interrumpí. No me gustaba su casa y yo tenía que ir al baño. Necesitaba ir al baño y no voy a hacer determinado tipo de cosas en determinado tipo de sitios que no sean mí sitio. Así que tenía que preguntárselo.

-¿Coleccionas dedales pintados? -Pensé en un dedal porque tenía ganas de mear.-

– No…

– Oh, vaya, pues lo siento pero me tengo que ir.

Y me fui de casa de aquella desconocida, que no sé qué querría.

Cuando por fin llegué a mi piso fui directo al baño. Y mientras vaciaba la vejiga, con mi pito entre las manos y mi cara en el espejo. Me di cuenta de algo. De que aquella chica, probablemente quería sexo conmigo. O que fuesemos novios o algo. Y yo me llamaba Enrique Lojo, pero no tenía un blog. Pero me llamaba Enrique Lojo.

Pensé entonces que, quizás, había un Enrique Lojo con un blog que podría haber tenido sexo con esa chica, quizás enamorarse. Lo sentí por él y luego me fui a la cama. Y me puse Playtime.

Nota: Ayer me llegó este mail. Y yo os lo remití tal cual acabó en mis manos. Historia verdadera. Verdadera historia.

9 comentarios to “Historia nocturna y cierta (o eso dicen)”

  1. Paula Says:

    Arte.

  2. Daninho Says:

    Te llamas Tyler Durden

  3. Dea Says:

    No doy crédito

  4. Gaia Says:

    Mencanta, otra vez…

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