Exponte, actor, exponte

La no ficción. La barrera entre el cine documental y la película se viene abajo. Los medios representativos se fusionan y los teóricos dan por muerta la división entre lo real y lo guionizado. Preguntadle a Oliver Laxe o a la buena gente de la Cahiers.

Entre esta tendencia que baña todo el panorama cinematográfico actual, surge la figura del actor. Aquí la barrera es la de la persona/personaje. Ricky Gervais, tras su maravillosa The Office, se marcó un Extras. Una serie aparentemente modesta que narraba el ascenso algo amargo de un actor que comienza como mero relleno en la pantalla. Una de las gracias de la serie era la aparición de personajes famosos que, pese a estar muy desdibujados e hiperbolizados, hacían de sí mismo. Hablamos de realidad, de bambalinas, candilejas y metacine, pero también hablamos de personajes, no de personas. Ricky Gervais, su personaje, es penoso y propablemente los dardos que lanza estén en muchos casos dirigidos a la verdadera industria y a sí mismo.

Esto ocurre en muchas películas paródicas que se desquitan con la propia maquinaria que las crea.  Desde Loco por Anita hasta Tropic Thunder. Pero siempre está la red de seguridad del personaje, del papel, de la frase escrita.

Y ahora, a mi edad, me encuentro con alguien que se atreve a tirar abajo al personaje. Alguien que se expone. Primero fue Joaquin Phoenix. Desde luego valiente, al descuidar su higiese y su salud durante un año entero para darle forma a su particular caída a los infiernos en I’m still here. The lost year of Joaquin Phoenix. Joaquin los tiene cuadrados. Aquí la verdad te envuelve y da vértigo hasta que comprendes que todo era mentira. Realmente Joaquin no se está exponiendo, tan sólo adaptó un personaje y lo llevó más allá del mero encuadre cinematográfico. Lo trasladó hasta su día a día, durante todo un año y lo prolongó, paseándolo por todas las ventanitas públicas que le otorga su condición de megaestrella.

Créete tú esto hace unos años. Y oye, te lo crees.

Él mismo se disculpó ante Letterman y le dijo que pensaba que el presentador habría distinguido entre la persona y el personaje. El cabrón de Joaquin casi me engaña. Pero ese loco que quería hacer rap no era él. Por eso todo el mundo se sobresaltó, por eso todo el mundo dudó. Él es un atractivo y talentoso actor. No es ese año perdido que nos mostró en pantalla (por muy bestial e hipnótico que fuese).

Sin embargo, lo que me presentó Jorge Sanz ante los ojos, si que parecía ser él. No había cogido su realidad, la había trastocado y se me había presentado a sí mismo metido en su papel de personaje. No. Lo que uno puede ver en Qué fue de Jorge Sanz resulta bestial porque jurarías estar muy cerca de la persona, o sino, pegado a un personaje con el pasado, el nombre y las características de Jorge Sanz (si tiene sombra de pato…).

Un tío normal, que se afeita. No como Joaquin.

Y lo que te golpea y te hace sentir mal es la crueldad con la que se retrata a sí mismo. No es un personaje triste, que te conmueve pero del que puedes desprenderte al saber que quien lo interpreta gana millones y se cepilla a supermodelos. No. Aquí está el bueno de Jorge, recibiendo unas ostias tremendas que seguramente reciba, o haya recibido, en su día a día. Es ficción, sí, pero bebe de una realidad que se muestra apenas sin filtros (y con esto gana mucho el tratamiento y la contextualización de la propia serie).

Creo que ha sido de las pocas cosas que realmente me han conmivido últimamente (dejando a un lado que sea un producto para gloria del propio Jorge, pero oye, se lo merece). No hay piedad, quizás demasiada poca. Uno piensa que la carrera de Jorge que se nos muestra no podría ser nunca tan mala, dando pregones y con una serie sobre superhéroes cutrencos. Luego te acuerdas de su anuncio de Fairy y de la serie El inquilino. Y te sobrecoges aún más.

3 comentarios to “Exponte, actor, exponte”

  1. Daninho Says:

    Non quero ser oportunista, pero o certo é que o meu falso documental está moi relacionado con esta nova forma de narrar, pois no fondo é un relato da miña miseria persoal onde a aparición de persoas interpretándose a si mesmas tamén busca crear esa dúbida (ficción-realidade) no público.
    Non vin “¿Qué fue de Jorge Sanz?” pero teño moitas ganas de vela. E “Extras” e especialmente “The Office” son series de culto para min.

  2. mansillaquetepilla Says:

    Ahora que tengo visto las dos producciones principales comentadas en tu entrada, puedo mojarme. Joaquin Phoenix frente a Jorge Sanz, a priori el experimento que se montó el primero es sin duda muchísimo más interesante: pone en juego su carrera profesional y su salud física y mental para realizar un documental. ¿Qué pasa? El material es buenísimo, pero el resultado final no está a la altura de lo que fue el proceso. Tiene partes un poco pesadas y no me engancha más allá de momentos puntuales donde hace cafradas y cómo reacciona después de ellas. Por otra parte, la serie de Jorge Sanz, en un terreno más ficcional (Phoenix vive su ‘ficción’, Sanz ficcionaliza su ‘vida’) me ha resultado bastante más entretenida. Me gusta su humillación a pesar de tenerla totalmente controlada por él mismo sin exponerla al resto del mundo antes de la emisión de su miniserie.

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