Si Haneke fuese mi amante, qué instante, qué instante.

Paseando por la acera en un plano suspendido

sobre una toma que refleja el gris de un escaparate,

unas barbas que se besan, que son nata y chocolate.

Yo le susurro a M. Haneke un “¿Dónde te has metido?”

 

¿Por qué esperaste inocente todos estos años

a plasmar ante la gente el mecanismo del engaño

cinematográfico y violento, moderno y arriesgado?

¿Te lo montabas con la Huppert en un pueblecillo bávaro?

 

Él me dijo : “No chaval, antes yo curraba en otra cosa

manejando uruk-hais, ordas poco amistosas”

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