¡MARATÓN! (en mayúsculas, que no hablamos de mariconadas)

Supongo que muchos conoceréis la historia que dio origen a la maratón. Filípedes, un masoquista quedabien, se pegó la paliza de correr unos 40 kilómetros (la distancia entre Maratón y Atenas) y al llegar a la ciudad, cuna de la democracia y la filosofía, la espichó.

Lo que muchos pueden ver como un acto heróico a mí me parece una soberana estupidez. Ya no sólo porque Filípedes no tuvo a bien calentar un poco sino, principalmente, porque la noticia que llevaba era la de la victoria de su ejército sobre los persas. Personalmente, si le gano a los persas y el tío que me lo comunica la palma agotado delante de mis narices, lo considero un sieso de la vida que me acaba de amargar la celebración.

Míralo que majo. Tiene cara de buena gente.

Pero algo bueno tuvo Filípides además de aportarnos una modalidad olímpica que acerca a nuestros ojos a unos atletas que, viéndolos, nos hacen sentir gente sana y fuerte (y mola mucho la sensación de poder partirle la cara a un deportista profesional). La tercera acepción de “maratón” en el pictionary de la Rae es: “Actividad larga e intensa que se desarrolla en una sola sesión o con un ritmo muy rápido

Y es precisamente este tipo de “maratón” la que a alguien poco aficionado al deporte (no me hace falta, tengo un tipo maravilloso) le interesa. La maratón de cine,  la paliza que, cual Filípides, me dejó al borde de una muerte, ésta sí que excelsa y heróica, toma forma en mi caso en el sábado noche que pase en la maratón Skalofrío que organizaba Cineuropa.

Por si alguien anda mal de la vista

Lo bonito de una maratón (de cine, las otras son asco condensado, ya lo hemos dicho) no radica en la selección de películas sino en la maratón en sí, del mismo modo que la magia de una orgía no se mide por sus participantes, sino por el simple hecho de retozar a lo bestia. Es más, hay géneros que no filian bien con la maratón. Yo no haría una maratón de musicales (no haría nada de musicales, la verdad) ni de comedia romántica. No haría una maratón de Ford, ni de Wyler, ni de Ozu. Las maratones necesitan una grado de desinhibición, de distanciamiento, que no se puede conseguir con grandes maestros, con películas que te atrapen, que no dejen hueco al apunte en alto, a la cabezada o a la risa no pretendida (por parte del director).

Desde luego que, y es recomendable, una buena maratón debe verse salpicada por alguna película estrella, de renombre, pero el grueso de la paliza fílmica tiene que sustentarse en obras menores, quizás olvidadas que, através de ese extraño hábito de consumo que nos acerca la maratón, adquieren un nuevo significado.

Y es que el visionado colectivo de una maratón va más allá del que uno practica en el cine. Es una fusión perfecta entre este y el que tendríamos en casa, con unos amiguetes, una pizza y el VHS alquilado del Exorcismo de Emily Rose. La sala de cine es tu salita de estar, y las ingerencias que se realizan desde la otra punta no son recibidas con reproches de espectador ofendido sino que se jalean con vítores de corredor de fondo identificado con un sentimiento nuevo, con algo que surge únicamente en un ambiente donde no te parece feo mancillar con tus pies las butacas Luis XIV del Teatro Principal.

En una maratón brotan lecturas ocultas, se genera un subtexto que ni siquiera el director sabía que estaba allí. La somnolencia que te entra a altas horas de la madrugada, y el atiborre de hidratos que proporcionan los frutos secos, te mantiene en un estado de lucidez, de plena consciencia, que te convierte en el más aventajado de los espectadores. Has alcanzado el nirvana fílmico. Los lumière quieren sexo contigo.

Toma lucezacas. En Tokyo si no te drogas eres mierda.

Como ya dije, las películas son lo de menos, así que ahí va un rápido repaso a lo que se pudo ver en Skalofrío:

Videos/videoclips de Magnetova: De estas cosas que te jode que estén bien hechas, porque tu madre al verlas te diría aquello de “mira, mira, se ve que son gente seria. Y limpia”.

“Tras el cristal” Agustí Villaronga (1987):  En ambiente malrollento está muy logrado hasta que cae en el ridículo, en parte por un malo malísimo increíble que consigue que, pese a los dramáticos abusos en su infancia, tú te identifiques y te posiciones del lado de un Mengele de Albacete que está encerrado en un pulmón de acero. Bravo.

“Ichi the Killer” Takashi Milke (2001): Japoneses sin prejuicios. No sabría decir si hay historia, pero los personajes bien valen la pena.

“Martyrs” Pascal Laugier (2008): Interesante tratamiento del concepto de mártir… y una mierda. Tres películas en una: Una peli de sustos, un drama social (voy a cuidar del gollum este) y una cosaca gore de hostia y tortura(me fui a mear con calma). El final tiene su puntillo, pretencioso pero con su puntillo.

“Enter the Void” Gaspar Noé (2009): Mamá, hice bien en no drogarme nunca. Un viaje. Te puede gustar más, menos, pero te revuelve la cabeza, te toca los cojones, odias, amas y te planteas métodos (da igual de qué), travellings y nuevas maneras de pasar de un plano a otro a través de la luz. Si eres epiléptico te cagas en la madre de Noé y punto. Despierta cosas y eso ya es mucho.

“Curso 1984” Mark L. Lester (1982): Maravilloso ejemplo de cine de venganza, del que te alimenta las ganas de sangre a base de antagonistas insoportables y un prota más o menos majete y muy íntegro. Sale Michael J. Fox (en la peli sin la J) en plan gordito risueño. De vez en cuando me imaginaba que se convertía en Marty McFly y acababa con el grupo de punk insoportable que salía allí.

“Bilbao” Bigas Luna (1978): Me quedé dormido, con Bigas viste una viste ciento. Además lo interesante de esta peli, el rasurado, ya me lo sabía. Y no me juzgueis, si no duermes una peli de la maratón, es que no fuiste a la maratón.

“Stereo” David Cronenberg (1969): Desgraciadamente ya eran las 09:15 de la mañana y tenía que coger un tren. La excusa intelectual es que yo soy más del último Cronenberg, del que experimenta con el cuerpo humano, pero no desde la metamorfosis o el bizarrismo, sino a partir de la natural transformación, más sutil, más madura.

Esto fue todo. Hasta el año que viene. Me pille, donde me pille.

Anuncios

2 comentarios to “¡MARATÓN! (en mayúsculas, que no hablamos de mariconadas)”

  1. Daninho Says:

    Bigas Luna cáeme mal por sacarlle pouco partido ás tetas de Watling en “Son de mar”, e a Gaspar Noé mataríao por atreverse a violar a Monica Bellucci en Irreversible. A Pascal Laugier non lle pegaría; bastante ten o pobre coa súa pretenciosa “Martyrs”.
    E probablemente isto só sexa unha autoxustificación da miña incapacidade para asistir a un maratón “público” dado que me entran ganas de matar cada vez que escoito a alguén falando/comendo no cine

    • lojoquetecojo Says:

      Lo de Son de mar no tiene nombre. Yo haría un largo con sus pechos. Y tendría una historia de lo más convincente.

      En cuanto a Noé y Laugier…son franceses, no esperes mucho.

      Y sí, la gente que come jode mucho, pero la maratón es como el valetudo.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s


A %d blogueros les gusta esto: