El hombre es un lobo para el lobo

Estaba yo a la sombra mirando la cosecha

cuando entre el trigo, en lontananza, antoje leve sospecha.

Silvele yo muy fuerte, llamando a Nicanor,

“¡Oiga mozo coja arma, ya está aquí el lobo feroz!”.

Salió a su encuentro aquel muchacho, volando por la estepa,

con los calzones por el suelo, arrastraba polvo y  tierra.

Y su miembro descolgando, bajo el sol de mi Castilla

se va erigiendo en duro acero según al lobo se aproxima.

“¡Qué me hace pobre loco, ese arma no valía!”

“No hay mejor arma, mi señor, que la dura sodomía”.

Así acabó el lobo feroz después del repaso que le dio Nicanor

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