Amélie. Ya sí. Juas. ¿Y qué más?

Los pequeños placeres pueden ser tremendamente estúpidos si te llamas Amélie Poulain y te gusta protagonizar películas recargadas que huyen de la realidad, porque así sus directores se sienten más artistas. Correcto, respeto que decidas libremente romper la cadena de lo pulcro e higiénico y tú, Amelia del alma querida, optes por pasarte por el forro de tus bragas de colores el hecho de no tener un carnet de manipuladora de alimentos.

Así nosotros, espectadores hipnotizados bajo el influjo del verdor de la fotografía (al menos no es el amarillento enfermo de Delicatessen), envidiaremos esa mano, la tuya, metiéndose de lleno en el saquito de legumbres. Mira Amélie, con tu peinado encasquetado y tus medias estampadas has enamorado a muchos hombres. Románticos huidizos y nocturnos paseantes, los que buscabamos la candidez y la ruptura de la realidad, nosotros que nos prendamos de esa egolatría cargada de humildad.

Te quise francesita, y te quise pese a tu acento, pese a tirarme la fruta y pese a tener poco pecho. Lo pasé mal los días soleados, al mirarte a la cara y quedarme ciego. Y tuve que montármelo con aquel enano mientras tú mirabas. Porque te ponía burra y todo eso. Sé que no dejas de representar todo el tiempo perdido y la extrañeza, y el vigor y el surrealismo. Sé que mil hombres con sus bonitas y pesadas gafas de pasta hacen cola a los pies de tu cama. Y reniegan de Jaques Brel y admiten que su película francesa favorita es Taxi Express (y Luc Besson su autor de referencia). Consigues que esos payasos hagan escalas infinitas con su guitarra Ibanez. Y también logras que el chandalero, el digno y respetado oyente de las radio fórmulas, se despierte un día a tu lado, calzándose el puto charol y tarareando las melodías de Yann Tiersen que tú le enseñaste.

Todo esto y más. Desbordante, autosuficiente y frágil. Demasiados soñaron contigo y construyeron tu púlpito. Pero no me jodas Amelia, metes tus sucias manos en una bolsa de legumbres. Hay niños que se llevan esas lentejas a la boca. Para mí tan sólo eres una guarra. Una de tantas y tan pocas.

Aquí la tenéis, de pequeña, comiendo las fresas valencianas que luego nos pisaban

4 comentarios to “Amélie. Ya sí. Juas. ¿Y qué más?”

  1. Gaia Says:

    Chapeau!

  2. mansillaquetepilla Says:

    Me da un poco de miedo el portal del odio irrefenable en el que se está convirtiendo tu blog, pero que cargues contra un icono empalagoso como Amelie con tanto gracejo me resulta exquisito

  3. Quique, te has convertido en un producto « Says:

    […] fílmicas, intentas iniciar con escaso éxito (por tu parte, vago) un videoblog, en ocasiones hiciste gala de tu agudo ingenio y otras tantas dejaste entrever tu estado anímico con las confesiones más sinceras. Dios, ¡si en […]

  4. Dea Says:

    habrá que cocer primero… lo que sea… digo yo… sea a ella o a las legumbres.

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