Deseando teclear con los dedos de los pies

Los tenía abandonados a su suerte  en la zona más austral. Los había olvidado por puro egoísmo. Por eso habían acabado allá abajo, solos y tristes. La luz del sol fortalecía a aquellos que habían sido agraciados con mi cariño y respeto. Arriba, al aire, formando parte de mi vida diaria, acompañándome en todas y cada una de las experiencias más increíbles de mi humilde existencia. Fueron testigos y partícipes de caídas, de abrazos, de lo íntimo y lo público. Sonreían (a su modo) cuando se movían gráciles en busca de algo, o de alguien.

Y sin embargo aquellos otros que se ocultaban del mundo, se mantenían envueltos en espesura y secreto. Se despreciaban. Y tornaban huraños y tristes. Ellos, que hace años no se diferenciarían de sus hermanos de arriba, ahora se habían vuelto toscos, duros, solitarios. La atrofia los había relegado a ser un mero soporte, fuente de equilibrio. Olvidaron los movimientos junto con un cuerpo, el mío, que cada vez se mantenía más rígido, menos flexible, que cada vez veía a sus viejos amigos de abajo, un poco más lejos.

Arriba aprendieron a doblarse, a bailar. Comprendieron el valor de los sonidos, idearon su propio lenguaje. Descubrieron el sutil arte de las caricias. Y abajo tan sólo pudieron desentumecerse torpemente. Sé que no es justo vivir pensando en los de arriba cuando los de abajo no hiceron nada para merecerse mis desprecios.  Siempre los traté con odio e indiferencia. Los dedos de mis pies fueron la parte más castigada de mi cuerpo. Rozaron la amputación por culpa de una dejadez que los convirtió en una casi gangrena.

Ahora los estoy moviendo ahí abajo, parecen un solo bloque y me cuesta diferenciar quien es quien. En mi memoria no se dibujan con la perfección con la que aparecen los dedos. Dedos de mis manos. Cuando decimos “dedos” tan sólo pensamos en los de las manos. Cómo voy a pretender un homenaje cuando mi subconsciente ya les falta al respeto. Cómo voy a pretender tener un gesto agradable con los dedos de abajo, cuando son los de arriba los que escriben esto. Cuando son ellos, los agraciados, los protegidos, los poderosos que, con displicencia y aire de perdonavidas, me permiten teclear el más triste e hipócrita de los homenajes.

Hoy más que nunca

Una respuesta to “Deseando teclear con los dedos de los pies”

  1. Gaia Says:

    Me gustan los pies…me gusta tu entrada.

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