Una vez que aprendes no se te olvida

El otro día volví a darle vueltas a un viejo fantasma. Un asunto pendiente de mi acomodada niñez que en parte me avergüenza, en parte me define y en parte me limita. No sé montar en bicicleta. Puedo subirme a una (con dificultad) pero olvídate de que me ponga a pedalear.

Alguna gente cree que tuve una infancia infeliz por ello, o me miran raro, me rehuyen por la calle, me marcan con una estrella de David y me dicen “¡Tú!, la acera es para los putos biciclistas”. A mi siempre me dió bastante igual. Pero el otro día me sentí algo mal. Conocí a otro adulto que estaba condenado como yo a caminar. Que tampoco sabía montar en bicicleta.

Pero era mentira. Conseguía que ese engendro de metal y engranajes se moviese, era capaz de generar una fuerza motora que, aplicada a través de esos pedales de movimiento curvatorio, se ve amplificada gracias al sistema de cadenas y piñones. Con todo esto logra transportarse a una mayor velocidad con un menor esfuerzo. Que luego no sea capaz de girar y atropelle a ancianos es lo de menos. De entrada ya sabe lo que es sentir el viento en la cara, esa sensación de libertad, de autonomía, que yo nunca tendré.

Soy un asqueroso dependiente. Siempre me han llevado de paquete. Nunca fui yo quien dirigió el manillar, quien apretó los frenos. El miedo a caerme (igual que el miedo al rechazo) me ha marcado. Y por ello me he perdido agradables y saludables paseos en bici (entre otras muchas cosas).

Se les ve felices con una bici cerca

Nunca he logrado dar dos pedaladas. Tengo miedo, me tuerzo, no mantengo el equilibrio (y mis oídos van bastante bien, salto a la pata coja sin problema). Dos pedaladas, avanzar unos metros ayudándome de la inventiva humana. A veces justifico mi torpeza para coger las riendas de algún medio de transporte con razonamientos del tipo “Andar es sanísimo”, “El calentamiento global, etc.” o “Practico el antropocentrismo y lo llevo hasta su extremo”. Pero la bici se me escapa de la ecuación. Es saludable para mi y para Al Gore, es tremendamente humana y entrañable. Sale en las películas de Chávarri, Paul Newman enamora montado en una en Dos hombres y un destino, titula una de los filmes clave del neorrealismo, es la manera de moverse preferida de nuestros envidiados y cívicos países centroeuropeos. Y no necesita gasolina ni plaza de garaje. La bicicleta mola muchísimo, es el transporte que más me pega (junto con la mochila cohete de Rocketeer).

Os prometo que de este verano no pasa. Aunque me pele las rodillas.

3 comentarios to “Una vez que aprendes no se te olvida”

  1. mansillaquetepilla Says:

    “Os prometo que de este verano no pasa”.

    JÁ!

  2. Manuel Says:

    Yo también vi como Quique Lojo aprendía a montar en bici… (facebook, setembro 2010)

    ánimo!

  3. PDL Says:

    Si me haces sentir como Etta yo me compro un tándem y este verano lo petamos

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s


A %d blogueros les gusta esto: