Epístola tipo para el día de mi muerte

Hola mi bien amado/a

Tengo que serte sincero, el propósito de esta carta es comunicarte mi fallecimiento. No te lo tomes a mal. Sé que pasamos grandes momentos juntos, momentos que se nos escapan entre los dedos. Recuerdo aquella conversación. Si, aquella, ya veo que tú también te acuerdas. Pues eso. Que me caías muy simpático/a. Nunca te lo dije pero siempre creí que eras uno de mis mejores amigos/as. Quizás esta no es la mejor manera de comunicarte algo tan personal (No llores porfavor) pero no podía soportar la idea de dejarte a ti, y a este mundo atrás, sin contarte la verdad.

Has sido mi último recuerdo, la imagen más viva que me sobrevino. Tu figura me recogió y me meció. Por eso te quiero amigo/a. Por eso te pido ayuda para poder cumplir aquel sueño del que te hablé un día. Seguro que te acuerdas (cómo no acordarse) pero igualmente te lo rebobino por aquí.

De pequeñito siempre soñé con que algún día sería Policia Montada del Canadá. Me he muerto y ese sueño, como tantos otros,  se ha visto truncado (cosa que no sucedió con mi sueño de ser el primer presidente negro, estrella del rockandroll, con productora cinematográfica propia). Por eso, mi colega, mi compañero/a de aventuras y pesares, te tengo que pedir un último favor. Tenemos que enmendar ese error, tan solo eso, un acto final que sirva para redimirme de las frustraciones que plagaron mi vida.

Quiero que me desentierres. Que saques mi cuerpo en estado de putrefacción de su descanso eterno y te lo lleves al hombro como en los viejos tiempos, granuja. Verás que hay más gente que quiere hacerlo, seguramente unas 47 personas si mis cálculos salen bien. No te preocupes, son amigos. Todos somos amigos. Ayúdales, emplead la fuerza contra los señores funcionarios del cementerio municipal si así es necesario. Pero sacad mi cuerpo de allí. Vestidlo con el lucido uniforme de la Policía Montada. Quiero ser un destello rubí. Subidme sobre un caballo, atadme los brazos en una posición gallarda (yo había pensado en tener una mano sobre la cartuchera y la otra en el corazón, pero podéis improvisar) y paseadme. Que la gente vea que Enrique Lojo ha vuelto desde los infiernos, montado sobre un hermoso corcel, con pasaporte y espíritu canadiense.

Y quiero una cosa más amigo/a del alma. Sé que lo harás encantado pero me cuesta pedírtelo. Necesito que esa salida tenga la repercusión necesaria, que la gente comprenda que aún desde la tumba podemos realizar algunos de nuestros sueños. Es un gasto económico pero sé que mis buenos amigos, y sobre todo tú, el mejor de ellos, pueden asumirlo. Tenéis que acompañar mi paseo con una cabalgata. Una enorme, que salga en los medios. Me gustaría verme rodeado de payasos y bailarines que danzasen alrededor de mi cuerpo. Una banda de música (la de Cambre es bastante buena), niños pequeños lanzando caramelitos (estaría bien que yo pudiese lanzar alguno a las masas mediante algún mecanismo robótico que se os ocurra). Grandes carrozas, comitivas, estruendo de fuegos de artificio que confeccionasen sobre el cielo la bandera de la patria que ahora me dará descanso. Esa preciosa hoja de arce.

Espero que no sea pedir mucho. Ya sé que para ti y para mi las medidas se marcan en infinitos. Estoy deseando ponerme de nuevo el uniforme. Gracias por todo amigo/a, eres lo mejor que me ha pasado en la vida

Sinceramente tuyo.

Enrique Lojo

Una respuesta to “Epístola tipo para el día de mi muerte”

  1. mansillaquetepilla Says:

    Barney’s Last Wishes + Big Fish = Inmortal Lojo

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