Me enamoré con “After Hours”

El que una cosa te guste o te dé náuseas a veces depende de un instante, de un pequeño detalle, de cómo te coja. Mi relación con el cine, el hecho de que me apasione (y ya no sólo me interese) está tremendamente influenciada por una noche, hará ya unos 6 u 7 años, en la que pasaron por la 2 una película de Martin Scorsese, se llamaba “After Hours” y alguien había tenido a bien traducirla como “¡Jo, qué noche!” (es mejor que “Dos colgaos muy fumaos”, pero vamos…).

Sé que es algo muy personal, que depende de mi nivel de recepción, y por eso no quiero que nadie se escandalice y me diga que no estoy empleando los mejores ejemplos, los más significativos. Llámenme cateto o díganme que llego tarde, pero no por ello una película como “Bienvenido a la casa de muñecas” va a dejar de ser la primera película que despertó en mi el sentimiento de que, con una banda sonora anémpatica, machacona y poco al uso, una película puede ganar enteros. O como con “Memento” me di cuenta de que uno puede usar las trampas de guión y la magia de la narrativa posmodernista para coger una historia más bien maliña y hacer algo decente. El otro día vi “Los idiotas” y supe lo que uno podía hacer sin un duro y sacándose prejuicios de encima.

Pero este no es el caso. La película realmente importante para mi es la antes citada. Tan sólo vi una vez en mi vida, esa noche de hace siete años, “After Hours”. Nunca más. Ni quiero, Dios me libre. Me acuerdo de la trama por encima, de algunas escenas en concreto, ni siquiera le pongo cara al protagonista. Pero me acuerdo de cómo me impresionó todo. Me había dado cuenta de lo que uno podía hacer con el medio cinematográfico más allá del mero entretenimiento. En aquella película había un autor que te decía hola. Era una pequeña odisea concentrada en una sólo noche. Había un diálogo que no se mostraba pero que tú percibías. El señor director era capaz de crear una tensión a base de lo que dejaba fuera de cuadro (de la pantallita para aquel Enrique de 15 años que miraba el televisor). A mi todo aquello me fascinaba. Había una complejidad en aquella película (o así lo recuerdo yo) que me abrumaba. Retrataba el mundo de la noche, dejaba cabos sueltos, nada parecía tener sentido y aún así lo tenía. Nada era convencional pero aún así me gustaba. Magia y un niño enamorado que idealizaría a la película que lo desvirgó. No quiero volver a verla para no llevarme el chasco, en mi mente es perfecta, me dijo todo lo que tenía que decirme en aquel momento.

Martiño Scorsese, abanderado del Nuevo Hollywood, da asco repasar su filmografía y ver que no le dieron el oscar a mejor director hasta “Infiltrados”. Clásicos a patadas, “The Last Waltz”, Dylan aquí y allá, apenas obra menores. Es un tío impresionante. Pero si me preguntan con qué película suya me quedo… cojo un obra modesta, de mediados de los 80 (después de esta vendría “El color del dinero”. Bien por Paul), bajo presupuesto y actores de segunda. Parece que me quiero hacer el rarito, el niño especial que dice que su película favorita de Woody Allen es “Bananas”. Pensad lo que querais, pero es que lo mío con “After Hours”, es algo especial.

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