“Tu gran mal son las siestas” by S.R.F.

Sergio se ha preocupado por mi bajada a los infiernos, por mi pesimismo, mi escarnio público, mi autoflagelatio. Es todo pura fachada, eso para empezar, y para seguir, podemos reflexionar acerca del mal endémico que azota a mi persona.

Llevo una buena temporada con el sueño cambiado, eso me ha trastocado un poquito la epidermis y me ha hecho más taciturno y gilipollitas. No padezco insomnio ni ninguna de esas enfermedades de guionista genial y trastornado. Mi único problema es que me entra la pájara después de comer y no soy capaz de decirle que no a las siestas. Voy cogiendo postura en el sofá o en la cama (me es indiferente), haciendo ovillo para que no se escape el calor y todas esas cosas que hace un buen siestero.

Es un momento apacible, de comunión con mi espíritu, de paz y harmonía, de sexo tántrico, pero consigue que me despierte con ganas de complicarme la vida y sin ningún sueño.

Eso me ayuda a pensar en lo que no debo, a no tener la mente despejada y a dar vueltas en la cama hasta las 5 de la mañana. Claro está, no voy a clase porque me quedo durmiendo, así que me siento mala persona y empiezo a plantearme a donde me conduce la vida. No soy nada responsable, muy mal, vas a acabar de reponedor, etc. No he dormido en toda la noche, se me va el sueño. ¿Lo recupero con una siesta? Y se cierra el circulo.

Es una droga. Uno piensa “Una leve siesta de 30 minutos, eso es salud. Adelante”. Pero luego acaban siendo dos horas y, aunque te ha encantado, te sientes una porquería y sabes que has vuelto a caer. Y juras y perjuras que no te cogerá Morfeo por banda a la hora del postre, pero te atrapa el cabroncete. Y así una y otra vez…

Para ello he diseñado El plan de ataque contra las siestas (en la jerga el PACSI) donde voy a recurrir a la terapia de shock que consistirá en ponerme unas pinzas en los huevetes que me den sacudidas entre las 16:00 y las 18:30.  Y quiero comunicarle a todos los que tengan el gusto y placer de conocerme en persona que, cuando me vean despierto pasadas las 01:00 a.m.,  tienen todo el derecho (¡qué digo derecho, el deber!) de propinarme una patada canillenta, de puntera, con nocturnidad y alevosía (excepto hoy, día 16, que tengo que recoger unas cosechas en Farmville).

Voy a acabar de una vez por todas con la siesta antes de que ella acabe conmigo.

2 comentarios to ““Tu gran mal son las siestas” by S.R.F.”

  1. PDL Says:

    A mí me gusta tu epidermis. Sobre todo cuando está bien seca.

  2. lojoquetecojo Says:

    La culpa de eso la tuvo el frío aire de la sierra…

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