El trabajo duro, el duro trabajo

Para quien no siga mis andanzas laborales, informo. Formo parte de un gran ente comunicativo. Del vertebrador, del motor, de la gran madre amamantadora del audiovisual gallego. Paso mis tardes en la Corporación de Radio Televisión de Galicia.

En régimen de prácticas, me dedico a la producción de un par de programas muy salaos de la Radio Galega. Mis cometidos y obligaciones ahora mismo son lo de menos (lo más reseñable de estos días es que tuve que concertar una cita con un payaso y enviar un bono regalo para una maravillosa comida en uno de los restaurantes de la Cooperativa Arousa Norte), lo verdaderamente importante, la gran lección rebeladora, es lo que he venido aprendiendo es mis dos últimos días de proletario y rodríguez.

Perder el tiempo.

Mi primera semana (y el comienzo de esta segunda) fueron frenéticos, cafeínicos, lograron que un servidor amase la labor de producción y dejase de soñar con Azconas para fantasear con Querejetas (guiñoguiño para avezados). No paraba. Llamadas, investigaciones, hola caso Watergate en cuanto acabe aquí me voy a Salamanca a estudiar periodismo. Respiraba acción, movimiento constante, me codeaba con mis colegas en el campo de batalla.

Pero de repente, banderas blancas y a las trincheras a echar naipes. Y no sabeis lo soporífero de las trincheras. Y comienzas a comprender la esencia del trabajador sin trabajo. Es un fenómeno íntimamente ligado a ese que hace que, cuanto más duermas, más sueño tengas, cuanto menos hagas, más cansado estés. Como el viejo que necesita moverse, porque de no hacerlo, las llagas de su cuerpo le dificultarán cada vez más el propio hecho de moverse.

Y tienes que esforzarte en no hacer nada. Es el papel que me ha tocado en gracia. La quietud. Y dejar que el tiempo pase, pero fingiendo que no estás siquiera fingiendo en que lo que pretendes (realmente) es dejar que el tiempo pase. Quieres pegar tiros y sólo engrasas el fusil una y otra vez.

Busco alargar mis escasas tareas, intercalo gilipolleces entre movimiento y movimiento de ratón. Arrastro los piececillos de camino a los lavabos. Antes quemaba los cartuchos, ahora los dosifico, para no aburrirme.

Espero que la semana que viene tenga más acción. Sino, en mi faceta de mercenario de la producción, tendré que pedir más campos de batalla en los que desfogarme a gusto.

Porque realmente me gusta estar aquí pegando tiros. Quién me lo iba a decir a mi, hace tan sólo un par de semanas. Yo, todo un soldado raso del ejército radiofónico.

Firmo desde mi silla. Aquí, en la Radio Galega (una redacción preciosa, por cierto). Hay que matar los ratos muertos. Preciosa, angustiosa y redundante contradicción.

d26  rko pictures

2 comentarios to “El trabajo duro, el duro trabajo”

  1. hombremono Says:

    Eso te pasa a ti y a todo el mundo. Se llama “qué emocionante fue empezar a trabajar pero en realidad es un aburrimiento y no puedo dejar de mirar el reloj para ver a que hora puedo salir de aquí”

  2. lorenzoquetetrenzo Says:

    Lojo killed the radio star.

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