Mi primera vez

La primera vez es muy especial. No puede ser con cualquiera. Ni mucho menos. Tienes que saber escoger muy bien y quizás, en esa selección minuciosa, el tiempo se vaya dilatando y esa primera vez no llegue nunca.

Algunos de mis amigos ya lo habían hecho y yo no dejaba de asediarles a preguntas. Seguía esperando y el momento no aparecía. Hasta este fin de semana pasado.

La primera vez que fui al cine solo fui a ver Celda 211, de Daniel Monzón“. Esta frase va a permanecer inmutable a lo largo de mi vida. No hay vuelta atrás. Podía haberme arrepentido de hacerlo con esta película y no con otra y no podría más que lamentarlo. Por suerte no fue así.

Quizás una mente sana, no perturbada y no amante del séptimo arte no acabe de percibir la importancia de semejante hecho. No acabe de comprender mi nerviosismo en la cola del cine, mi titubeo al pedir la entrada (“UNA entrada“, recalqué),  el temblequeo en la butaca, mi mirada perdida que no dejaba de moverse (como la de aquel que, recien llegado, intenta captarlo todo y memorizarlo para la posteridad). Pero es que para mi era un momento muy importante en mi vida cinéfila.

El cine fue concebido como espectáculo social. Contemplación en grupo. Antes de alcanzar la categoría de arte, y después también, el cine era una “variedad”, un consume pipas, no había burladeros pero casi. La gente gritaba, se veía y charlaba. Luego llegó el respeto y el silencio. Maravilloso. Pero la gente seguía con su contemplación en grupo.

El cine supone todo un ritual. Por eso me gusta. No es la mera contemplación de la obra audiovisual, sino que engloba una serie de procesos (compra de entrada, espera, trailers promocionales, palomitas, manoseos…) y supone un contexto que le es intrínseco y le define, la oscuridad y el visionado en masa.

Aunque luego la televisión dejó paso a la atomización e individualización del consumo, el cine y su magia siguió ahí. Y por eso, por que era algo lo suficientemente serio y profundo, mi persona nunca había ido sola al cine. Y no quería que ese día fuese un día sin más. Y no lo fue. Por que la película me agradó muy mucho. Y la compañía que el azar me puso a los lados fue bastante graciosa. Y porque, en el fondo, en cuanto se apagan las luces, no te importa quien está a tu lado (a no ser que la película sea un truño y compartas fila con una chica sexualmente activa y con cierto atractivo) y tan sólo te centras en ese bonito trozo de tela sobre el que se proyectan luces y sombras. Y cuando acabe la película, mirarás a tu diestra o siniestra y pensarás, “no tengo con quien comentar la maravillosa actuación de Tosar“. Y os juro que eso será lo único que echaréis en falta.

Una respuesta to “Mi primera vez”

  1. mansillaquetepilla Says:

    La primera vez que fui al cine solo fui a ver Johnny English.

    True story.

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