O guión que habito

febrero 9, 2012

Por razones que se me escapan sigue habiendo gente interesada en que mi cara salga en lo que ellos hacen. Todo un honor teniendo en cuenta que apenas se me entiende al hablar, así que deduzco que mi belleza eclipsa todo lo demás. Está vez le toca a un pequeño corto que corre a cargo de Jesús Ferrer y Cibrán Tenreiro, con la colaboración de un montón de buena gente más, entre ellos mi amigo Pepe Mansilla que, aparte de lucir la mejor gorra que parió jamás madre, se marcó también un cartel muy majo. Concretamente este:

-¡Fijaos!¡El del cartel!¡Soy yo! -Cállate

El cortico fue concebido para participar en el Notodofilm, un festival que triunfa en España, probablemente porque está dirigido a la gente vaga, que somos mayoría. Dicho todo lo cual, aquí os dejo el enlace, para que lo gozéis tan ricamente y os quedéis con ganas de más:

O GUIÓN QUE HABITO (el título es un puro gancho comercial. No sale nadie disfrazado de tigre ni yo le hago una vaginoplastia a Elena Anaya en su punto de giro. Que quede claro).

Una enorme bola azul en expansión sobre nuestras cabezas – II

enero 16, 2012

Dejé la barra mordisqueada sobre la mesa. Me había costado bastante conseguir una barra de pan caliente. La mayoría de las tahonas habían cerrado. Mucha gente se había ido. Ella seguía en la ducha pero de la cocina me llegaba un olor a comida que me hizo suponer lo evidente. No encendí la televisión porque ya supuse lo que estarían echando. Llevaban dos días con lo mismo. Planos eternos de esa dichosa esfera azul, diagramas que mostraban su crecimiento exponencial. Preferí acercarme a la ventana y verlo, una vez más, con mis propios ojos.

No era homogénea. La intensidad de su azul variaba y, si uno perdía la vista sobre aquella superficie, juraría que las vetas y los remolinos que se podían ver en ella marcaban un extraño compás, moviéndose, deformándose. Recordé haber visto un diagrama respecto a eso. Las cosas, allí arriba, no permanecían quietas. Por eso en un primer momento creyeron que era gas.

Pero habían desechado esa teoría. Demasiado concentrado. Supongo que las pesquisas estarían ahí, eran ellos, y no yo, los que llevaban bata, pero tampoco comprendía muy bien hacía dónde apuntaban los científicos. “Un efecto del gas invernadero” era lo que vendían muchos, sobre todo unos gobiernos espídicos, necesitados de un bálsamo que tranquilizase a la población. Pero ya dije que el Apocalipsis, probablemente el Apocalipsis más aburrido del mundo, estaba por todas partes.

Los conspiracionistas, los paranoides, los advenedizos al fin del mundo, aullaban por las calles. Luego, una gran mayoría de jóvenes, mirábamos con resignación por encima de la línea del horizonte. Habíamos tragado con tantas cosas que aquello no nos parecía mejor ni peor sino, quizás, una breve ruptura en la monotonía.

La oí salir de la ducha y le dediqué una última mirada a aquella esfera antes de correr a abrazar a mi novia. Un punto rojo parecía brotar en mitad de la inmensidad azul.

Una enorme bola azul en expansión sobre nuestras cabezas – I

enero 13, 2012

Hubo un tiempo en el que creí que tendríamos a donde ir cuando todo esto se acabase. Sería un sitio hermoso. La piel se calentaría al sol, sin quemarnos. Los días acabarían cuando uno necesita que llegue la noche. Y la noche se haría día justo cuando abriésemos los ojos. Aquellos días pensaba firmemente en que el coger aire valdría para algo.

“El fin del mundo ha llegado”, lo podíamos leer en casi cualquier parte. Alguien que sabía más que ella y yo juntos nos lo había dicho. Todos lo gritaban. En el cielo se distinguía una enorme bola de lo que semejaba un gas, de un azul más intenso que el que la rodeaba, de un aspecto difuso, extraño, amenazador. Llevaba allí dos días, creciendo. Nadie sabía de dónde venía ni porqué cualquier cosa que penetrase en ella acababa perdiéndose sobre nuestras cabezas.

El tercer día ya no parecía un gas, más denso, sin llegar a ser compacto, uno juraría que aquello que flotaba en la bóveda celeste pesaba demasiado, o simplemente pesaba, para estar suspendido en el vacío.

Recuerdo que aquella mañana, al salir de la panadería, decidí ir comiendo de la barra de camino a casa. Mucha gente lloraba, tirada en la acera. Había una mujer que el día anterior se había quedado anclada justo enfrente de nuestro portal. Pálida, había dejado caer el bolso y no podía apartar la vista del cielo. Un día después seguía allí, más desmejorada, como si la bola ya la hubiese aplastado. Supuse que tendría que dolerle muchísimo el cuello y por un instante pensé en acercarme a decirle algo, a intentar sacarla de su ensimismamiento. Me disponía a cruzar la calle cuando tuve miedo. Miedo de ver a través de sus ojos y de quedarme allí yo también, estático y perdido como ella. Puede parecer de locos, improbable y estúpido. Pero aquellos días, con una enorme bola azul en expansión sobre nuestras cabezas, todo parecía posible.

 

 

O blog de Enrique Lojo (la “O” es un artículo determinante, hispanoparlantes)

enero 6, 2012

Llevo ya unos meses colaborando con el programa A Tarde de la Radio Galega a través de una pequeña sección que sale en antena los viernes justo después del boletín de las 17:00. Es una oportunidad estupenda en la que me brindan un espacio en el que contar lo que quiera, con total libertad. Que un medio te permita hacer el humor que a ti te gusta y, además, rodeado de gente que consideras amiga, es un privilegio.

Ahora, tres meses después de que la cosa empezara a andar, he decidido recopilar esas intervenciones en un blog, O blog de Enrique Lojo. No se me ocurrió ponerle un nombre a la sección y en la Radio, como es obvio, no se complicaron en absoluto. Así que así quedó. Alimentando bien mi ego. O blog de Enrique Lojo.

De todos modos, me gustaría dejar claro que la única relación que habrá entre este blog y el que ahora os presento es un botón un tanto cutre que he puesto en la columna de la derecha (en blanco y negro, una cosa elegante) y que, pinchando en él, os llevará a la recopilación de mis intervenciones radiofónicas.

Cada viernes, conforme mi sección salga en antena, subiré el correspondiente texto al blog. Si queréis estar más al tanto hay una bonita página de Facebook de la que os podéis hacer fans. Si no es por mí, hacedlo al menos por Anita Obregón.

Hacer el HUMOR en Navidad

diciembre 26, 2011

Para ganaros las risas de familiares y amigos y amenizar estas pesadas cenas, estas pesadas digestiones, no hay nada mejor que seguir estos breves y sencillos consejos con los que lograréis que hasta el Niño Dios, de tremenda carcajada, se caiga de su cuna.

1. Decid siempre “Navidul”. Se acabó aquello de Navidad. Navidul, como el jamón Navidul. La gracias está en que las dos palabras se parecen, pero una hace referencia a unos jamones. Confundir una fiesta con unos jamones. Vaya tontería.

2. Los polvorones son una buena metáfora sexual, empleadla más a menudo. “¿Quieres un polvorón?” y sacas un trozo de turrón del bolsillo. “Eso no es un polvorón” os dirán,  y vosotros asientís. “Ya lo sé”. Y os coméis el turrón. Si estáis muy locos podéis coger una almendra rellena y azotarla un poco con vuestra lengua, con lascivia. Con la lengua, pero con lascivia. Vosotros le dais con la lengua, pero lo hacéis lascivamente. Lascivia no es una parte de vuestro cuerpo, sino ya lo sabríais.

3. Regaladle a  vuestras madres o a vuestras parejas, a alguien a quien se supone que amáis y apreciáis, un sobre con dinero. Luego miradles a la cara, muy serios, y decidles que sentís que no les conocéis de nada.

4. Lograd que vuestra suegra se ponga debajo del muérdago y luego ya tú sabes.

5. Tirad el nacimiento al suelo para que se haga añicos bajo el grito de “¡Se va a desarmar el belén!”.

6. Colgad unos calcetines del horno de la cocina y luego intentad justificarlo con la excusa de la tradición.

7. No hagáis ninguna broma el 28 de diciembre. Vosotros dedicaros a decir todo tipo de burradas los días previos y posteriores. El día de los Santos Inocentes la gente está al quite, es mucho más gracioso e impactante soltarlas en otras fechas. Un “papá ha muerto cuando venía de trabajar” no es tan cómico un 28 de Diciembre, pero un 3 de enero, por ejemplo, seguro que logra que todos se partan. “Jo, pensamos que era cierto”, “Cómo hemos picado”, “Qué buena”.

8. En fin de año cambiad los relojes, atrasadlos una hora. Que a las once, cuando todavía estéis cenando, todo el mundo vea los fuegos artificiales y se pregunte qué sucede. En ese momento decís: “Una hora menos en Canarias”.  Y os sacáis unos plátanos. Habéis jodido la Nochevieja sin razón alguna, tan sólo para soltar la chorrada de las Canarias. Estaréis creando el caos y solidarizándoos con los isleños. Es más, si lo hacéis en Galicia crearéis conciencia sobre la necesidad de una franja horaria en sintonía con la portuguesa.

9. Cread un belén viviente y aseguraos de que hay placenta, hacedlo real. Ya sé que no es gracioso, pero siempre podéis probar a poner un Niño Jesús negro y bromear entre el público para que José se sienta avergonzado. Podéis señalarle y gritar “¡Seguro que ese no es el padre!” o empezar a hacer recuento: “Los pastorcillos con sus ovejas, el buey la mula y… espera…”, aquí señaláis a José, le miráis con los ojillos entrecerrados, escrutándole bien. “Ese de los cuernos… ¡Dios, qué cuernos tiene!”. Que José se sienta mal. Luego podéis hacer un símil entre él y algún animal de ostentosa cornamenta, a vuestra elección. Ciervos, alces, antílopes negros…

10. Compraros uno de esos sombreritos de Papá Noel, con lucecillas y villacincos en midi. Nunca fallan. Son la risión máxima.

Jajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajaja Qué hijo de puta el viejo Jajajajajajajajajajajajaja

Cosas que hice en Barcelona y que por la simple razón de haberlas hecho en Barcelona pasan automáticamente a ser cosas chachi molonas que hice en Barcelona

diciembre 17, 2011

- Jugué al Pro Evolution Soccer 2010 dándomelas de subversivo con un Barça sin tridente defensivo.

- He visto cosas que vosotros no creeríais. Atacar naves en llamas más allá de Orión. Gente haciendo cola de hora y media para entrar en una nave industrial que ellos llaman Razzmatazz.

- Leí y escuché cosas en catalán. Es como el gallego sólo que lo hablan los pijos.

- Conocí la existencia del “Prostíbulo poético”. Pensé que era un avance en el que el vacío del sexo se llenaba, a través de una simple y clásica transacción, no por dinero sino por el amor que emana de la poesía. Pero no. Es una engañifa, una burda estrategia de marketing donde se intercambia dinero por poesía. Vamos, que se quedan con la parte aburrida y le ponen prostíbulo por no ponerle “Ultramarinos poético”. Una descripción, a la sazón, mucho menos pretenciosa -y lo dice alguien que escribe “a la sazón”-.

- Teoricé acerca del hecho de que Barcelona sin Gaudí sería un poco más Huesca.

- Paseé por el Paseo de Gracia conteniéndome la risa. No veas qué gracia, qué paseo, qué cosa.

- Intenté disimular mi rostro desencajado por el terror porque los bolsillos de mi pantalón de pana no eran lo suficientemente ceñidos. Su holgura facilitaba que un carterista experto sustrajera mi billetera. Eso me provocaba leves grititos, aúllos miedicas, cada vez que salía de casa.

- Vi el dichoso derbi futbolístico y había gente que sacaba fotografías. Por allí son así, cuando te descuidas, ¡flashazo! y hacen ARTE contigo.

- Comí pan con tomate, algo muy típico de allí. Pensé en los catalanes, cuando se van de viaje y les piden que hagan algo típico de su tierra. A los cabrones les sale barato. Luego me percaté de lo gilipollas que somos los gallegos con nuestro pulpo.

La Sagrada Familia no la vi porque para dejar algo a medias ya me tengo a mí.

 

 

O crepúsculo de Von Carter

diciembre 15, 2011

Ahí os va un trepidante y desternillante cortometraje que protagonizo. Sé que me escogieron para el papel principal por las similitudes con el personaje, pero no se lo tendré en cuenta al maravilloso equipo que hay detrás. Gozadlo.

Tácticas de ligoteo en un avión

diciembre 10, 2011

Continuando con la serie que trata de instruiros sobre el noble arte de la conquista adaptada a escenarios concretos, reciclo mi última sección en el programa A Tarde de la Radio Galega para ayudaros a encontrar el amor a miles de metros de altitud. Ahí van unos consejos sobre la seducción en las nubes, con la inestimable ayuda de Hache y Daniel Villaverde. Come fly with me.

- Mira por la ventana, pierde la vista en el vasto espacio que sobrevoláis y, tras unos instantes, dile a quien tengas al lado mientras señalas hacia el exterior: “¿Ves todo eso?, Es mío y me gustaría que fuese nuestro”. Por si después de eso todavía no lo ha pillado, prueba a invitarle a algo de lo que venden en el avión. Así le quedará claro que, indudablemente, eres rico.

- Vete al baño e ingéniatelas para provocar un pequeño incendio. Sal gritando despavorido(preferiblemente algo del tipo: “Un moro”) mientras esperas a que se activen las mascarillas de oxígeno y luego echa mano de tu encanto y desesperación para conseguir sexo con alguna de las pasajeras. La clave está en saber escoger, ya que no tendrás mucho tiempo hasta que las cosas se estabilicen de nuevo y el pasaje descubra que no va a morir en los próximos minutos. Prueba a vociferar un “Morir follando” mientras corres desnudo, pasillo arriba, pasillo abajo, e intentas descifrar el brillo que brota de los ojos de los que te miran.

- Prueba a vestirte de piloto, hacerte con la megafonía y dedicarle a las azafatas un “Contigo me siento en una nube” o “Me gustaría que nos fuéramos al carajo, como en la peli Viven, para así poder comerte”.

- Éntrale directamente al morro a alguien. Un beso intenso y giratorio. Al separarte justifica tu actuación diciendo que es un truco que te sabes para reducir la presión de cabina en la cabeza.

- Cuando los afazatos de Ryanair intenten vender el Rasca y Gana, levántate como un resorte de tu asiento y grita: “¡Mi corazón! ¡El premio es mi corazón!”.

- Enamórala dándole clases de Geografía por la ventanilla. Cuando la tengas impresionada dile que ahora vas a enseñarle dónde está el Monte de Venus.

- Ponte a hablar por teléfono mientras fumas y, cuando te miren entre interesados y perplejos, les sueltas que tú tienes privilegios. Serás malo y poderoso, osease, follarás.

Si estamos en un avión, porqué se llama "Tren de aterrizaje"

 

De tristeza, risas y erecciones

noviembre 30, 2011

Necesitamos algo más que una imagen para ponernos tristes. Pensaba en eso mientras me tocaba viendo pornografía. Una fotografía picantona puede producir en mí una inesperada excitación, un chiste puede hacer que me ría. Internet está repleto de erotismo fugaz y videos de gatos. Pero la tristeza necesita de una trama. La risa puede ser aislada y comprimida en instantes delirantes, llámalos sketches, llámalos diálogos, llámalos videos caseros. Un desconocido puede hacerme reír en cinco segundos si no le importa correr desnudo, untado en mermelada y gritando “Soy un recién nacido”. Del mismo modo, una mujer -o un hombre que se esfuerce y que tenga los rasgos muy femeninos- también es capaz despertar en mí el calor de la carne con una mirada precisa y una sonrisa teledirigida. La risa y la erección requieren menor esfuerzo que la lágrima. O, mejor dicho, requieren de menos tiempo.

No hay videos que me hagan llorar en Youtube. Hay videos emotivos, sí, videos que despiertan en mí sentimientos de misericordia, de comprensión y de pena. Pero es algo alejado de la melancolía que emana de la tristeza, de la lágrima sincera que se escapa. De la auténtica empatía. El telediario está repleto de muertes, de historias obscenamente tristes que no te atrapan. Se nos escapa la trama. Para enmudecer necesito de algo que trascienda los cinco minutos de un sketch, que vaya más allá de la estructura felación-misionero-perrito-inyourface.

Las nuevas ventanas de distribución, los ritmos acelerados, fraccionados, de consumo que tenemos los espectadores de este nuevo milenio, parecen no compaginar bien con el fuego lento del drama. Siempre se dijo que lo más difícil era hacer reír, conseguir tocar esos mecanismos mágicos que activan la risa. Rápido, insospechado. La mujer desnuda que transporta a la eyaculación es algo burdo, el niño abandonado que busca a su madre por todo el mundo, fácil y simple. Sin embargo, en la actualidad, la incapacidad de permanecer frente a la pantalla, de inmiscuirnos en una trama cuyos tiempos indagan, precisamente, en esa empatía, parece haberse postulado como el mayor rescoldo en la búsqueda de sensaciones a través de la imagen, de la historia. Por eso mismo, hacer reír sigue siendo complicado pero parece que encaja más, en su forma, con lo que el público exige hoy en día.

Necesitamos algo más que una imagen para ponernos tristes. Para que ese sentimiento nos invada y lo ocupe todo. Como ese momento álgido en la risa, como la intimidad del consumo pornográfico. La lágrima no lo tiene tan fácil y necesita de una historia, de un tejido lo suficientemente largo como para envolverlo todo, para no dejarnos ver más allá. Necesitamos la oscuridad de una sala, una única ventana de luz, sin distracciones. Necesitamos regalarle nuestro tiempo al drama, una vez más, sin escatimar. La razón de esto es muy sencilla: No podemos llorar en diez minutos. No podemos aislarnos y darle al botón de la tristeza. El drama no entiende de inmediatez, no entiende de fracciones ni de cápsulas. Vivimos en un tiempo trepidante, de risas y de sexo. Un tiempo demasiado rápido como para que habite en él la tristeza.

Qué risa, María Luisa

Psicoanalizando mis sueños posteriores al debate en busca de una premonición del resultado electoral

noviembre 8, 2011

No es que me guste dormir. No es eso. En un sueño que tuve esta noche Mariano Rajoy me mandaba repasar la lección. Lo hacía desde lo alto. No sé exactamente desde dónde, porque ya conocéis el funcionamieto de los sueños, pero sí que recuerdo que yo estaba abajo y él arriba. A lo lejos. No penséis peor.

Me mandaba repasar la lección y yo la decía a viva voz. Mi lección -o mi tarea, no lo recuerdo- no estaba escrita, no al uso. No eran párrafos de sentencias ordenadas. Era un dibujo. Un dibujo que yo sabía que tenía, en esencia, lo que él me pedía. Y recuerdo que era una solución brillante, pero no válida. No era válida porque no nacía del trabajo metódico de quien se sienta a escribir sino de un impulso repentino y puntual.

Era un paisaje de rocas circulares recubiertas de musgo. Yo podía leer en él, desentrañar sus claves y ofrecerle al mundo aquello que éste esperaba de mí, darle a Mariano lo que había venido a buscar. Pero Mariano era paternal e inflexible en su resolución. Durante el debate él había leído su discurso, ¿de dónde nacía todo aquello que él decía?. Supuse que provenía de la constancia. Pero no se lo sabía de memoria. Se le acusó por ello.

La lección de Mariano, su tarea, respondía a una hoja de ruta, una guía de frases encadenadas hacia un razonamiento.  Eso es lo que a mí me hacía falta. Orden y trabajo. Nada más despertarme esta mañana deseé poder cambiar mi discurso. Tener yo aquellas páginas en mis manos y regalarle, a cualquiera de los dos candidatos, mi dibujo.

Aunque dudo que viesen más allá de unas piedras con musgo.


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